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“Tuve miedo de que tuviéramos un desenlace fatal”

La COVID-19 no les arrebató la vida, pero sí les enseñó en carne propia el infierno que es padecerla.

Lo que parecía una gripe normal para tres miembros de la familia Pérez-Roque, residentes en un populoso sector de Santo Domingo, terminó siendo un diagnóstico positivo de SARS-COV-2, virus que provoca la enfermedad de la COVID-19.

 

Y ahora, ¿qué hago? Fue la única interrogante que se hizo María, pariente y protectora de los afectados. Aunque al principio tenía mucho optimismo y estaba convencida de que los resultados de su papá y dos de sus hermanos serían negativos, al recibirlos descubrió todo lo contrario, por lo que la incertidumbre, el nerviosismo, la desesperación, la impotencia, la tristeza y la frustración, comenzaron a embargar su vida a partir de ese momento.

Evolución y experiencia

Todo empezó cuando el papá de María, Eremio, quien trabaja en el Aeropuerto Internacional de las Américas, presentó mucha fiebre y tos, lo que ellos, al principio, veían y manejaban como una simple gripe, “porque de acuerdo a lo que presentaron en la televisión debía de haber tos seca, y la de él era con secreción”, expresó, al narrar su historia.

Además, sostuvo que al momento de su papá enfermarse, tenía más de un mes que no iba a trabajar al aeropuerto, porque por su edad, 80 años, pertenece a la población más vulnerable de la enfermedad. Por otro lado, su hermano Juan José, de 42 años y quien trabaja para una firma de abogados, sí presentaba tos seca y solamente le dio fiebre una vez. En cuanto a Carlos Eremio, de 34 años, y cuya labor es en una empresa de construcción, compartió que presentó una especie de gripe por un día.

El lunes 20 de abril, pasadas las 6:00 de la tarde, decidió llevar a su padre al médico. Esto, porque cuando llegó a su vivienda (donde viven seis personas), lo encontró con una fiebre muy alta que no cedía con ningún medicamento. Asimismo, no había comido y se le dificultaba agarrar los utensilios, lo cual le encendió la alarma y procedió a llevarlo a un centro médico.

“Cuando llegamos, le expliqué a la doctora los síntomas que tenía desde hace una semana, por lo que esta señaló que no podía medicarlo antes de hacerle la prueba que detecta el virus, porque había que descartarlo, o saber si era gripe o neumonía”, subrayó María, quien destacó que lo único que recomendó la galena fue suministrarle acetaminofén y té caliente, durante los días previos a los resultados.

El calvario continuó para su familia, en especial, para su papá, ya que las fiebres que presentaba eran tan fuertes que convulsionaba; a esto se le sumó una voz muy temblorosa, y no se entendía lo que decía. Además, presentaba una fuerte debilidad en las piernas, lo que resultó algo muy desesperante para María. “Las convulsiones eran tan fuertes que se evacuaba y no se daba cuenta”, expresó tristemente.

El jueves 23 de ese mismo mes, le hicieron la prueba PCR para detectar COVID-19, y el viernes comunicaron que los resultados habían sido positivos.

Entonces, los demás miembros de la familia tendrían que someterse a las pruebas, porque eran sospechosos de tener el coronavirus. Así procedieron y del grupo familiar los otros dos hermanos que habían presentado gripe dieron positivo.

Los demás miembros de la familia, incluyendo María, resultaron negativos. Desde entonces han estado en contacto con el ministerio de Salud Pública.

De acuerdo a María, quien ha estado al pendiente de sus familiares, el proceso ha sido muy difícil, doloroso y traumático.
“Ver un papá en esas condiciones cuando se estaba muriendo tanta gente, y pensar en mi mamá que es diabética y que podía dar positivo, ya que días antes de que nos enteramos del diagnóstico, dormían juntos, era otro de mis temores”.

Luego, cuando se le comunicó que por la condición y la edad de su papá era probable que el Ministerio de Salud Pública fuera a buscarlo para internarlo, María incrementó su desesperación, ya que si eso pasaba sabía que no podían acompañarlo, ni darle apoyo.

“Consulté con la familia si era conveniente de que lo internaran o no, y mi hermana y mi mamá decidieron que no, porque no presentaba síntomas de ahogamiento y como teníamos más de una semana tratándolo en la casa, así iba a seguir siendo, sin embargo, si presentaba algún inconveniente, o un agravamiento, no tendríamos otra alternativa”, manifestó María.

Triste y desesperante

Para ella, “es duro tener una persona en tu casa y hablarle de lejos, dejarle la comida a distancia, e inmediatamente sales de la habitación, tengas que desinfectarte. Es muy triste y desesperante”.

Otra de las cosas que más la entristecía, era cuando llevaba a su papá al baño, porque no podía sostenerse por sí solo, y en su presencia, comenzaba a desinfectar las paredes donde él tocaba. “Cuando me miraba, lo sentía acongojado por estas acciones que eran necesarias para manejar la situación bajo control en la casa”, añadió.

Seguimiento del Ministerio

Desde el diagnóstico, comenta que el Ministerio de Salud Pública se ha mantenido constantemente llamando para saber el estado de la familia, quienes ya se sienten mejor. Igualmente, puntualizó que en esta semana les repiten las pruebas para saber si ya están libres del virus.

Incertidumbre

“No creía que lo que estábamos empezando a vivir fuera real, y sentía que me dolía el corazón... tenía mucho miedo. Mi mamá y yo, acomodamos una colchoneta, cerca de su habitación. Yo no dormía nada debido a que me paraba con temor cada cierto tiempo a ver cómo estaba él, y siempre lo hacía con mi mascarilla y los guantes”, señaló a elCaribe. En cuanto a sus hermanos, comentó que ellos tomaron medidas y se aislaron. Al inicio de esta pesadilla, ellos tampoco lo podían creer y se preguntaban constantemente: ¿cómo que di positivo? “Mi papá lo tomó tranquilo. Sólo dijo a mi mamá que no entrara a la habitación, y que sólo lo atendiera yo. Lo que más me satisface es que ellos tomaron la situación con mucha responsabilidad, cuidándose ellos y a los que estamos en la casa”. Prosiguió: Ellos no saben dónde adquirieron el virus. Han sido unos días muy duros, con tres personas en una misma casa con coronavirus. Hoy hace alrededor de 10 días que mi padre no tiene fiebre y ya va sólo a bañarse... Me siento muy agotaba. Había días en los que pensaba que no iba a resistir. Estaba cansada del cuerpo y de la mente. Ese inicio fue muy aterrador, narra al momento que admite: “Tuve mucho miedo de que tuviéramos un desenlace fatal”.

 

 

 

Fuente.-elcaribe.com.do

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